SELECCIÓN DE LA ESPECIE DE MADERA PARA ESCULTURA EN EXTERIORES
Jorge Palacios
Si se piensa en términos de perdurabilidad y conservación a largo plazo, en principio, puede considerarse que la gran mayoría de las especies de maderas pueden resultar aptas para ser instaladas en espacios interiores, siempre que se mantengan unos niveles constantes de humedad y temperatura, tal y como ocurre en los museos de arte contemporáneo.
No sería así para exteriores, y me resulta particularmente útil analizar los datos de los que se dispone para situar o contextualizar estos planteamientos ya que, de entre las cientos de especies que se comercializan y las más de 40.000 de las que se puede obtener madera, apenas sólo unas pocas cuentan con una predisposición natural y podrían resultar totalmente apropiadas para su uso en el exterior.
Esto no quiere decir que estas pocas especies sean incorruptibles, ya que la propia naturaleza se ocupa de llevar a cabo su reintegración en el ciclo biológico, sino que si a estas peculiares especies se les suma el conocimiento de cómo se produce esa degradación natural, considero que pueden llevarse a cabo unas mínimas acciones preventivas que, como resultado, hagan que su longevidad estructural sea notablemente superior a la del resto. Algo que me resulta de enorme interés cuando lo traslado al ámbito de la creación escultórica en madera para exteriores.
En mi opinión, como autor que conoce este material, y simplificando mucho, una madera se agrieta o se rompe porque se mueve más de lo que puede soportar, es decir, porque la fuerza de desplazamiento que genera el intercambio higroscópico, intercambio de humedad con la atmósfera, es mayor que la tensión máxima que puede soportar la elasticidad de esa madera. Lo que sucede es que este constante movimiento genera tensiones que, sumadas a los diferentes factores que debilitan la estructura de la madera, acaban produciendo fendas o grietas, o ampliando algunas ya existentes derivadas del propio crecimiento del árbol o del proceso de secado.
Como escultor que trabaja en exteriores, me resulta de gran importancia comprender lo que ocurre para poder averiguar cómo resolver determinadas situaciones. Por ello, considero básico entender que, entre los factores que pueden debilitar la estructura de la madera se encuentran agentes biológicos, como hongos cromógenos y de pudrición, mohos e insectos -coleópteros xilófagos y termitas- y agentes abióticos como la degradación de la luz, el fuego, la humedad atmosférica y los cambios de temperatura, además de los agentes químicos.
Asimismo, la propia anisotropía característica de la madera hace que estas tensiones que comentaba sean desiguales a lo largo de una misma pieza y que, sólo si ésta fuese independiente y se moviese libremente, podría asumir en cierta medida la fuerza que ejerce su propio movimiento, sin poner en peligro su integridad estructural.
Una anécdota que ilustra la notable fuerza y tensión que es capaz de ejercer la madera en sus movimientos nos remite a los egipcios que, aunque parezca asombroso, empleaban cuñas de madera como método para partir piedras ya que, una vez humedecida la madera, ésta generaba tanta tensión que las piedras se partían siguiendo la hilera de cuñas que se había dispuesto.
En el caso de llevar a cabo una escultura para exteriores partiendo de un bloque, uno de los conceptos principales que tengo presente para su preparación es que no me encuentro trabajando con una pieza única independiente, sino con un conjunto de piezas anisotrópicas de madera que lo conforman y que, por lo tanto, generan diferentes intensidades de tensión por el irregular movimiento que las caracteriza. El éxito del conformado de este bloque para escultura, por mi experiencia, reside en conseguir minimizar estas tensiones a través de dos conceptos: la selección de una especie que sea lo más estable dimensionalmente posible y el diseño del bloque (diseño de aserrado, secado y distribución de la estructura de la madera a través de su disposición conformada en el bloque).
Por ello, a la hora de seleccionar una especie en la que esculpir mi obra, los distintos movimientos axiales, radiales y tangenciales y los coeficientes de contracción y dilatación de las maderas pasan a ser una de las características prioritarias que tengo en cuenta, junto con el hecho de que estos valores sean, no sólo lo más bajos posible, sino también lo más parecidos entre sí.
Para poder comprobar y valorar qué supone esto a nivel práctico y las implicaciones que tendrían estos movimientos de la madera en una escultura, he realizado un análisis sobre los cambios dimensionales que podrían sufrir diferentes bloques preparados para escultura en diferentes maderas, con una dimensión de 1 m3, que experimentasen un incremento de un 8% en su contenido de humedad.
Con ello, trato de calcular cómo se hincharía una madera expuesta a una situación adversa extrema, partiendo de un 12% de contenido de humedad y teniendo en cuenta que, en condiciones atmosféricas estándar para Europa, sería difícil que una madera adquiriese por encima del 20%; con lo que, esta situación hipotética se produciría cuando una madera experimentase un incremento máximo de un 8% en su contenido de humedad.
En este estudio he contrastado una de las maderas en la que se pueden encontrar mayores movimientos (haya europea), con una de las más estables dimensionalmente (teca estándar) y con una madera de teca especialmente seleccionada, cuyos valores habíamos obtenido previamente en los ensayos llevados a cabo en el Centro de Investigación Tecnológica Tecnalia Research & Innovation.
En el estudio realizado he podido apreciar los cambios dimensionales habituales en una madera de haya europea nerviosa, con un coeficiente unitario de contracción tangencial de 0,50 y un coeficiente unitario de contracción radial de 0,30 que, en el caso de aumentar su contenido de humedad en un 8%, sufriría un incremento de 40 mm. en dirección tangencial y de 24 mm. en dirección radial. En comparación, en color naranja se muestran los cambios dimensionales que experimentaría una madera de teca estándar, con un coeficiente unitario medio de contracción tangencial de 0,27 y un coeficiente unitario medio de contracción radial de 0,14, que se incrementaría en 21,6 mm. en dirección tangencial y en 11,2 mm. en dirección radial. Por último, en color marrón se muestran los cambios que experimentaría la madera de teca que he seleccionado que, con un coeficiente unitario de contracción tangencial de 0,16 y un coeficiente unitario de contracción radial de 0,08, se incrementaría en 12,8 mm. en dirección tangencial y en 6,4 mm. en dirección radial; valores todos ellos extraordinariamente llamativos y fuera de lo común que, confieso, me alegraron mucho cuando fueron confirmados a través de los resultados de los ensayos.
Como resultado del estudio, la madera de teca se ha confirmado como una buena materia candidata para llevar a cabo mi obra escultórica en exteriores debido a su propia predisposición natural, al hecho de que cuenta con una alta resistencia a los agentes abióticos y bióticos -al tratarse de una madera de tal dureza y agresividad química que no resulta apetecible para la mayoría de xilófagos y bacterias- y a que también cuenta, como se puede apreciar en el gráfico, con unos excepcionalmente bajos coeficientes de dilatación y contracción.
