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CONCEPTOS ELEMENTALES SOBRE EL SECADO DE MADERA PARA ESCULTURA

Jorge Palacios

Una pregunta que suelen realizarme de forma habitual es acerca de por qué pudiendo tallar directamente un gran tronco de madera, realizo el aserrado del tronco en tablones o listones para luego volverlo a componer configurando un bloque. El motivo se debe fundamentalmente a que sería muy difícil conseguir un secado uniforme intentando secarlo entero, con lo que la madera no contaría con el mismo porcentaje de contenido de humedad en su parte superficial que en su parte interna, que podría ser susceptible de pudrición en caso de contar con un contenido excesivo de humedad.

Madera secado Jorge Palacios

Todavía recuerdo cuál fue mi sorpresa cuando hace más de diez años me enteré de que con la tecnología estándar de secado en cámara la profundidad máxima de secado uniforme que habitualmente se podía conseguir era tan sólo de 5 cm, ahora ya estaba todo claro. La obsesión que sentía por localizar, a través de mis contactos, grandes ejemplares de troncos que en algún momento hubiesen sido tumbados por el viento o retirados de la vía pública había perdido todo su sentido, ya que jamás podría secarlos correctamente, y por fin entendía que era por este motivo por el cual el material que habitualmente se comercializa es suministrado en forma de tablones.

Por todo ello, si se persigue el objetivo de garantizar la integridad estructural de una escultura que posteriormente vaya a ser creada a partir de este material, lo apropiado entonces consistiría en aserrar el tronco en tablones de un grosor máximo de 10 cm, consiguiendo así que la parte más interna de cada pieza quede a no más de 5 cm de distancia de su parte exterior.

En la actualidad existen varios métodos de secado de la madera como son, entre otros, el secado en cámara, al vacío, por radiofrecuencia o el secado al aire. Sobre este último, hay que tener en cuenta que, si se intentase secar un rollizo de un árbol de forma natural a la intemperie, éste tardaría en secarse, como norma general ya que esta cantidad variará según la especie y el clima, alrededor de un 1 año por cm de media, incrementándose a 2 años por cm su ritmo de secado a partir de los 10 cm de profundidad. Esto supondría que, si se contase con un tronco de 50 cm de radio, se precisarían 90 años para que éste adquiriera un contenido de humedad aceptable, con el riesgo de que incluso así, éste pudiera sufrir durante dicho proceso cambios dimensionales y rajarse debido a la presión que se produce entre los diferentes anillos por la merma e hinchazón.

De entre los distintos tipos de secado, creo que el secado en cámara es un buen método ya que con él se obtiene un control preciso sobre las curvas de temperaturas y humedades que se van a aplicar al material.

Una de las premisas fundamentales de un secado reside en la necesidad de adecuar, en la mayor medida posible, el porcentaje de contenido de humedad de la madera a las prestaciones de servicio, humedad de uso, del lugar donde vaya a ser emplazada, teniendo en cuenta que, cuanto mayor sea la diferencia entre la humedad de la madera y la humedad media interanual del emplazamiento elegido en el momento de su instalación, mayor será el riesgo al que estará sometida la escultura durante su período de aclimatación, período en el que la madera buscará alcanzar por sí misma su Humedad de Equilibrio Higroscópico (HEH).

Como dato para ilustrar la importancia que adquiere este punto se puede pensar en el transporte especializado en arte que se lleva a cabo para el intercambio de obras entre museos, en el que determinadas esculturas de maderas nerviosas son trasladadas en cámaras climatizadas y cuyo período de aclimatación a su nuevo emplazamiento se realiza de forma muy progresiva, llegando incluso a casos muy extremos, en obras muy delicadas, en las que el embalaje ha sido abierto ya en destino un 1% una semana antes de extraer completamente la obra. De hecho, una de las premisas de la conservación museística reside en el control estricto de la humedad relativa y la temperatura de sus instalaciones, haciendo hincapié en uno de los factores más importantes: que no existan oscilaciones bruscas de estos parámetros.

En este período de aclimatación o de adaptación a las condiciones de servicio de una determinada especie de madera, juega un papel relevante el concepto de la higroscopicidad, que es la capacidad que tiene una especie de intercambiar humedad con la atmósfera. Hay que entender que no todas las especies de maderas intercambian humedad al mismo ritmo, lo cual depende de las características intrínsecas de las paredes celulares de cada madera por lo que, según la especie, la velocidad con la que se realizará este intercambio variará de manera sustancial. Y, aunque estas pequeñas variaciones en el contenido de humedad no resulten significativas y no afecten de manera crítica al estado de la pieza, como anécdota hay que saber que la madera no obtiene su Humedad de Equilibrio Higroscópico de manera instantánea, sino que cuenta con un tiempo de retardo con respecto a la humedad ambiental debido a la propia inercia que lleva en su incesante adaptación a las condiciones ambientales; lo que, en circunstancias climáticas no controladas, genera un cierto desfase entre el porcentaje de humedad requerido y el efectivamente conseguido por la madera, ya que las condiciones climáticas normalmente cambian más rápidamente que el período de tiempo que la madera precisa para adecuar su humedad.

Otro dato que resulta curioso es que cuando la madera cuenta con un contenido de humedad superior al 30%, sus paredes celulares se encuentran ya saturadas de agua, con lo que a partir de este 30% aunque adquiriese una mayor cantidad de humedad, no sufriría más cambios dimensionales apreciables. En cambio, resulta ilustrativo ver que por debajo de ese 30%, al continuar reduciéndose el contenido de humedad, lo que se produce es una deshidratación de estas paredes celulares y por lo tanto mermas en sus tamaños de forma proporcional al descenso de humedad sufrido, lo que va a reflejarse, en consecuencia, en el volumen global de la madera.

Por último, considero importante hacer hincapié en que un correcto método de aserrado y secado de la madera pueden llegar a ser casi tan importantes como la propia elección de la especie con la que se vaya a trabajar.

Como se ha podido apreciar a lo largo de estas páginas, como escultor, soy capaz de dedicar horas a hablar de un material que amo y comprendo como es la madera, delegando en ella la responsabilidad de expresar y poner voz a todo aquello que me conmueve y que, en cierto modo, me resulta tan difícil explicar con palabras.