LA ESCULTURA COMO DINAMIZADORA DEL TURISMO CULTURAL
En estos tiempos en los que el ocio, el entretenimiento y la cultura han pasado a ocupar una parte importante de nuestro tiempo libre, han ido surgiendo algunos fenómenos sociales llamativos como las visitas masivas a exposiciones temporales con un fuerte impacto mediático, la dinamización de ciertas ciudades a través de la instalación de espectaculares museos - franquicia o la gran proliferación de centros de arte y museos autonómicos convetidos en grandes contenedores de arte.
Dentro de este panorama, la escultura está jugando un papel muy destacado. ¿Quién no vincula al escultor Jorge Oteiza con el País Vasco?, ¿quién no visualiza la bahía de la Concha de San Sebastián a través de las esculturas del Peine del Viento de Chillida?.
La configuración de un itinerario artístico de esculturas, junto a un buen programa educativo y cultural, puede sin duda atraer la atención de un gran número de visitantes y lograr activar económicamente un determinado lugar a través del turismo. A su vez, la instalación de esculturas puede favorecer una toma de conciencia hacia un determinado entorno y, en consecuencia, que el espectador “descubra” espacios que antes le pasaban inadvertidos y que ahora, a través de la escultura pueden llegar a cobrar una entidad propia.
En esta misma línea se sitúa la plena identificación de la obra escultórica de César Manrique con la imagen cultural y de promoción turística de la isla de Lanzarote, o la estrecha vinculación entre Hernani y el Museo Chillida de escultura al aire libre, que se encuentra en dicha localidad vasca, entre otros conocidos ejemplos.
Por otra parte, la escultura en espacios exteriores permite un acercamiento efectivo de los ciudadanos al arte sin la obligación de invertir en grandes infraestructuras museísticas, lo que se traduce en la apertura de un gran abanico de posibilidades de gestión y de una evidente reducción en la inversión para quienes pretendan apostar por el arte contemporáneo.
